¿Cuáles son algunas nomenclaturas específicas de un lugar y un lenguaje que deberían formar parte de cualquier glosario urbano?
Which are some place and language-specific nomenclatures that should be added to any urban glossary?
Autoras / Authors
Natacha S. Quintero González, Stefania Biondi, Minna Chudoba, Omayra Rivera Crespo, Jaana Vanhatalo, Dalia Milián Bernal, Alia’a Amr, Ana Paulina Cabello Ocampo, Diana Cuéllar Ledesma, Rosana Rubio Hernández
Tierra de nadie: un espacio de posibilidades y de responsabilidad
Natacha S. Quintero González
La noción que propongo discutir en esta interrogativa no es una expresión específica de alguna ciudad o región, tampoco un concepto desconocido en el vocabulario coloquial. Se trata de una noción digna de atención, reflexión e inclusión en cualquier glosario urbano. Para muchos, el concepto de “tierra de nadie” se relaciona con aquellos espacios remanentes y faltos de reclamación por alguna de las partes involucradas en una beligerancia. Históricamente, esos espacios se entendían como zonas sin reglas, sin moral, y desprotegidas a falta de territorialidad. En la ciudad de Caracas, y específicamente en la Universidad Central de Venezuela (UCV) – también conocida como la “Casa que vence las sombras”, la denominación “tierra de nadie” tiene un significado muy distinto.
“Tierra de Nadie” es una zona que por muchos años representó libertad, creatividad, paz, y autonomía – aún existente en el sistema universitario venezolano. Localizada entre la Plaza Cubierta del Rectorado y las facultades de Humanidades y Educación, esta conformada por una serie de áreas verdes, rodeada por diversos monumentos, murales y esculturas. Su falta de definición funcional permite una atmósfera de recreación, inspiración, y descanso, convirtiéndola en el lugar predilecto para artistas, músicos, estudiantes, familias, deportistas, y transeúntes en búsqueda de un momento de relajación.
Hoy en día, esa libertad y ausencia de reglas se han transformado, cambiado el ‘status quo’ de la tierra de nadie. La violencia y las prácticas ilegales se han impuesto por encima de las prácticas ‘comunes’ llevando a la tierra de nadie a pertenecer en gran medida al miedo y a la inseguridad. Tierra de nadie, teniendo en mente el caso de Caracas, puede concebirse como una evocadora noción que sugiere prácticas ‘comunes’ y que insinúa un ‘espacio de posibilidades’. Sin embargo, debemos preguntarnos si la territorialidad, la autonomía, y las prácticas comunes que un espacio como este sugiere, pueden también implicar transgresiones que nos llevan a reflexionar nuestro sentido de responsabilidad hacia los mismos. ¿Cuándo pasa una ‘tierra’, de pertenecer a nadie, a no ser regulada por nadie? ¿Cómo podemos repensar la cuestión de la territorialidad y la regulación, sin violar la autonomía de los ‘espacios de posibilidades’?
Espacio nomenclaturado.
Stefania Biondi
El término nomenclatura remite a una terminología técnica y sistemática, o bien a una clasificación de conceptos inherentes a una disciplina; en este caso, la que se ocupa de lo urbano. Remite también a una lista (secreta) de nombre de personas confiables, a través de las cuales se puede ejercer un control sobre grupos sociales.
Ambas acepciones renvían a procedimientos de estandarización, categorización, enumeración y control. El urbanismo es, efectivamente, una disciplina con presunción de ejercer un estricto control sobre una entidad –las ciudades- cuya formación y crecimiento tienen un amplio margen de azar, responden a situaciones emergentes, se guían por causas contingentes.
¿Es posible, entonces, formular una nomenclatura que debería formar parte de cualquier glosario urbano? ¿No será mejor seguir el ejemplo de Paul B. Preciado en su tentativa de agotamiento de conceptos del ne(cr)oliberalismo? ¡Intentémoslo! (Aunque sabemos no tener en absoluto el mismo dominio de la lengua ni el mismo caudal de ideas).
Urbe… urbanismo… “necrourbanismo” sugiere Preciado. Ciudad… Espacio… Espacio público. Espacio abierto. Espacio común. Espacio colectivo. Espacio seguro. Espacio significante. Espacio limpio. Espacio iluminado. Espacio usado. Espacio frecuentado. Espacio bullicioso. Espacio tranquilo. Espacio sombreado. Espacio soleado. Espacio resguardado. Espacio bello. Espacio activo. Espacio inactivo. Espacio digno. Espacio femenino. Espacio masculino. Espacio transgénero. Espacio habitacional. Espacio industrial. Espacio recreativo. Espacio central. Espacio periférico. Espacio real. Espacio virtual. Espacio histórico. Espacio contemporáneo. Espacio peatonal. Espacio vehicular. Espacio cambiante. Espacio isomorfo. Espacio acogedor. Espacio comercial. Espacio flexible. Espacio ocupado. Espacio libre. Espacio cuidado. Espacio cuidador. Espacio religioso. Espacio cívico. Espacio museográfico. Espacio expositivo. Espacio turístico. Espacio tradicional. Espacio arbolado. Espacio equipado. Espacio cultural. Espacio familiar. Espacio utópico. Espacio familiar. Espacio ventilado. Espacio doméstico. Espacio amplio. Espacio definido. Espacio delimitado. Espacio urbano. Espacio humano. Espacio al fin.
Kaupunkivihreää ja katupuita (city-green and street-trees)
Minna Chudoba
Language evolves constantly. Sometimes a new term is suddenly used by everyone, its meaning condensing quickly with frequent usage. I do not remember when I first encountered the Finnish compound words which so cleverly subjugated nature to the ideas of urban planners and city construction. But “kaupunkivihreä” (city-green) and “katupuu” (street-tree) are frequently used now, evoking various images. The first one must have referred to a color choice for two-dimensional plans: green is used for any nature-related activities that a Finnish plan claims for recreational use, whether it be parks or soccer fields or just left-over spaces for vegetation. Combined with the word city, the color gets an urban interpretation. Green seems to be subordinate to the prefix: the city. The same is true of “katupuu” (street-tree). The word disregards a species with its peculiar characteristics, sounding as if a special kind of tree was bred for the service of urban thoroughfares. The suffix seems to be an addition to the street. The trees that line streets, providing stopping places for birds and shade during the hot summer months, are confined to their places, often surrounded by a protective metal frame. That such an imprisoned “street-tree” is only a secondary addition in the minds of city traffic planners was echoed in the recent street work in my neighborhood. We were given detailed information about traffic blocks and pedestrian rerouting, but no one told us that eight linden trees were to be felled. To the neighborhood, however, they were not just “street-trees”: after the initial shock, grave candles appeared on the tree stumps. The linden trees were collectively mourned. Obviously, the local inhabitants had seen the vegetation along their residential streets as not just “street-trees”, but as “our lindens”.
Batey
Omayra Rivera Crespo
Un batey solía ser una plaza ceremonial o lugar de encuentro de los tainos, habitantes precolombinos de las Antillas menores, el norte de las Antillas mayores y las Bahamas. En él se celebraba el juego del batú además de actividades variadas. Estaba demarcado por grandes piedras talladas con iconos propios de la cultura taina. También estaba rodeado por bohíos, que era las viviendas típicas de los tainos, construidos con madera, paja y barro. En los barrios o asentamientos informales de las Antillas aun puede verse que, ante la ausencia de una plaza formal y/o un balcón, los habitantes tienden a demarcar espacios de encuentro al construir sus viviendas. Igualmente pueden demarcar un lugar de intercambio con mobiliario, frente a su espacio domestico, que les permite observar a su alrededor o conversar con los vecinos. Aquí el espacio mas importante no es el construido si no el vacío. Para los caribeños habitar la calle es parte importante de sus ritos cotidianos, matizados por colores, olores, sabores y sonidos. Es por esto que el batey debería continuar siendo parte de cualquier glosario urbano.
Raumalaine ruuhka (English below)
Jaana Vanhatalo
Enemmän kuin varsinainen lisäys urbaaniin sanakirjaan, tämä yrittää olla muistutus subjektiivisuuden vaikutuksesta urbaaneihin ilmiöihin.
Ruuhka on asia, joka on pääosin urbaaneihin ympäristöihin liitettävä, negatiivinen ilmiö. Ilmiö, joka häiritsee henkilön omaa elämää tai arkea. On helppo kuvitella todellinen suurkaupungin ruuhka. Kuitenkin ruuhkan kokemus on aina henkilön omista tuntemuksista lähtöisin, eli toisin sanoen subjektiivinen: myös pienempien kaupunkien ihmisillä on kokemuksia niistä. Joskin näihin siis suurempien kaupunkien asukkaat suhtautuvat useimmiten lähinnä naureskellen. Vasta kokiessaan ruuhkan suurkaupungissa, voi pikkukaupungin asukas todeta, ettei ollut oikeasti koskaan ennen ruuhkaa kokenutkaan. Se ei kuitenkaan mitätöi pikkukaupunkien asukkaiden kokemuksia arjesta ja elämästä, eikä tee niistä yhtään sen väärempiä tai vähempiä. Asia, joka jokaisen kaupunkisuunnittelijan tulisi muistaa.
Ai niin ja se raumlaine ruuhka? Muutama auto jonos Prisma parkkipaikal perjantai-iltapäiväl.
Rauma traffic jam
More than actual addition into the urban glossary, this is trying to act as a reminder of how subjectivity affects the urban phenomena.
Traffic jams are mainly associated with urbanity and being a negative phenomenon. A phenomenon which disturbs people’s own ordinary life. It is easy to imagine a true large city’s traffic jam. However, the experience is always subjective: also the residents of smaller towns have experiences of (local) “traffic jams”. To these the residents of larger cities usually react with a laugh. Not until a smaller town resident experiences the large city traffic jam, can he realize that he actually never had experienced one. However, this does not diminish the experiences of daily life of the smaller town residents and doesn’t make them incorrect or indifferent. A matter that every urban planner should remember.
Oh, and the Traffic jam in Rauma? (original one in dialect of city of Rauma): Few cars in a line in Prisma (hypermarket) parking lot during Friday afternoon.
Tinacolandia
Dalia Milián Bernal
The term tinacolandia has its roots in Mexico and is formed by the word tinaco and the suffix -landia. In Spanish, tinaco is a water container and the suffix -landia, refers to a ‘land’ or ‘country’. In conjunction, tinacolandia means ‘land of tinacos’.
Tinacolandia is a popular word born from the image of a landscape of tinacos almost the size of the very small, one-story high, single-family row houses over which they are installed. Here a necessary clarification is called for: by no means should it be understood that the tinacos are as ‘big’ as the houses over which they have been installed. Rather, the houses are as ‘small’ as the tinacos over them, thus the image of the tinaco overpowers the landscape. This brings me to the second part of the word, the suffix -landia. Given that most houses in Mexico have a tinaco installed on their rooftops, what is particular about tinacolandias is that they are places constituted of the copy-paste of the very small, one-story high, single-family house with a tinaco over it to make a row of the same house, and then the copy-paste of that row to constitute a homogeneous housing complex. In addition, these homogeneous housing complexes are usually isolated, located on the outskirts of cities or far away from urban conglomerations, that they look like little ‘countries’ of their own, with the tinaco as its symbol of identity.
For decades, tinacolandias have been subsidised by the government under the pretext of producing social housing. In reality, they are the opposite of social housing, being produced by the private sector, usually poorly constructed, sometimes lacking basic infrastructure and with complete disregard of their social and ecological impact. Tinacolandias are what Lefebvre would term abstract spaces for abstract users built by abstract labour, a product of a rampant neoliberal economy that persuades low and middle income working families to buy property through national housing funds regardless of the relationship of these spaces to people’s daily lived space. Not surprisingly, then, the rate of vacancy and abandonment of tinacolandias is scandalous. No person should have to live in them. As a matter of fact: tinacolandias should not be part of any urban lexicon.
Hara or Zuqaq (in Arabic حارة أو زُقاق; plural أزِقّة أو حَارَات ḥarat or aziqa)
Alia’a Amr
The term refers to a specific type of the old inner-city neighbourhood, where patterns of vernacular architecture are influenced by local geography, climate, and culture. Hara is one of the essential features of the old Arab city, where an organic, responsive, homogeneous urban fabric and unique spatial identity are structured continuously alongside a narrow street. This term carries spatial, architectural, economic, as well as social dimensions in which homes, entrances, yards, and alleys lead to the resident’s private lives. The morphological characteristics of those neighbourhoods are products of skilful craftsmanship and local building material. These alleys uniquely capture hierarchical loops of clustered spaces, where the public and private are shaping exceptional relations and representing an intriguing experiential dialog between the unit and the collective urban sphere. With approximately two meters in width, the pedestrian alley of any hara has fostered a sense of authentic human attachment, inclusion, and belonging overtime.
However, the neoliberal transformations and urban restructuring, the growing demand on land, and the increasing density have challenged maintaining the liveability of these old neighbourhoods ‘Harat’. Despite certain attempts to reform and revive, the life curve of those alleys is declining and being replaced by emerging forms of spatial ordering and neoliberal landscape such as Central Business Districts CBD. This cutting-edge urbanism and its new development vision stand in stark contrast with the exiting urban fabric of those cities. Not only an imposed language and scale, the so called ‘urban regeneration’ of inner cities in most Arab regions has produced spatial displacement, inequality, and social exclusion.
Pasillos de violación
Ana Paulina Cabello Ocampo
My expression is Pasillos de Violación (rape-walkways) and I use it in reference to the spaces left in between buildings or long walls where you can feel trapped or insecure, usually they come as a result of bad vestibulation in projects; in the past I have caught myself also drawing them sometimes! I believe having them even by ignorance is not innocent, we have no idea of the impact of those in reality; if during the night someone would be chased into one of these they would have few possibilities of hope, I can think on many movies where a crime is commited in one of these apparently residual spaces. Conclussion is: the feeling of fear and having no alternative to scape can be avoided straight from urban design!
¿Más luz?
Diana Cuéllar Ledesma
La iluminación es uno de los elementos más importantes para la vida de una ciudad. Por lo general su codificación es simple: la luz guía la mirada hacia lo que se tiene que ver. El primer sistema de alumbrado público en París es un hito del urbanismo, emblema de la modernidad. Permitió vivir la ciudad de noche, modificando así la experiencia estética de la urbe y reconfigurando las relaciones sociales. Tal vez estamos frente otro gran momento, no precisamente bueno, de la relación entre ciudad y luz. Conforme la tecnología LED se impone, las ciudades, casas y centros comerciales aumentan geométricamente sus agresivos y enceguecedores destellos. Al ser más baratos, los LED permiten a los comerciantes aumentar la cantidad de iluminación en vallas publicitarias, pantallas, marquesinas y escaparates. Todo es más grande, más resplandeciente y más abrumador. El delirio de la estupidez ha llevado a pueblos y ciudades a competir por las mejores iluminaciones navideñas y, ahí donde más quiere ser sinónimo de mejor, todos perdemos. No es la Muralla china, sino la iluminación eléctrica la única creación humana que es visible desde el espacio. Dibuja además, un mapa de poder difícilmente contestable. Mientras muchas ciudades se siguen contagiando del delirio de Las Vegas, cientos de miles de ciudadanos temen caminar de noche por un callejón oscuro o carecen por completo de energía eléctrica. Creo que en las grandes ciudades el derecho a la oscuridad es tan importante como el derecho a la luz. La necesidad de regular los usos y abusos de la iluminación es impostergable porque nuestras vistas están cansadas, nuestras mentes agotadas y vivimos en una vorágine de excesos que paradójicamente dio pie a una de las situaciones más poéticas que jamás viví. En un cine de verano al aire libre instalado junto a un gran parque, una luciérnaga empezó a volar erráticamente frente a la pantalla. Por unos segundos la atención e ilusión de la gente se concentró en ese punto de luz, que vencía, como David a Goliath, a la gran pantalla, tan espectacular con sus Avengers y sus millones de píxeles.
Lee más de Diana Cuélelas Ledesma. Puebla, cuna de oligarcas. Nuestros elitismos en diez notas a la deriva.
La cara B
Rosana Rubio Hernández
Los singles de vinilo tenían una cara A, con la canción de éxito, y una cara B, con un tema menos conocida del artista. Las calles, como unidades urbanas (singles), también tienen dos caras. No creo que el término cara B (como conjunto de calles adyacentes a una calle principal) se maneje en los diccionarios urbanos o en el argot de la calle, pero sí me parece definitorio de un fenómeno que he observado en muchas ciudades. Pienso en el interés de ese “envés” de vías célebres pues, como en los vinilos, en él también se toma el pulso de la ciudad y se desvelan tanto su idiosincrasia como sus contradicciones. Hablemos, por ejemplo, de una calle famosa de Madrid como la Gran Vía. En sus traseras se suceden una serie de usos y ámbitos que la apoyan en sus funciones, pero que también contrastan con su despliegue comercial y espectacular. Contrasta el vacío de actividad económica de su cara B con el frenesí consumista de su cara A. El “haz” y el “envés” de la Gran Vía madrileña son dos mundos que a pesar de su proximidad son difícilmente reconciliables: “los espesos velos de ilusión” (que ayudan a mantener el capitalismo), de los que habla Lefebvre, tienen como tramoya sustentante una cara B. En otra calle popular de Madrid, Argumosa, su cara A se especializa en bares de moda para la juventud, mientras en su cara B se escucha la diversidad racial, económica, sociocultural y generacional del barrio de Lavapiés donde se ubica. El capital homogeneiza la cara A mientras la cara B despliega la diversidad de lo informal. Esto, de algún modo, me recuerda el comienzo de Ana Karenina: “todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera.”
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Próxima interrogativa | Next interrogative
¿Qué movimientos innovativos y oposicionales conoces, que transforman y democratizan el entorno urbano, pero continúan estando ausentes en los discursos dominantes, en las conceptualizaciones y en la práctica?
Recepción de entradas: 22.03.2020
Which innovative and oppositional social movements do you know that are transforming and democratizing our urban environments, yet stay absent in mainstream discourses, conceptualizations and practices?
Submission deadline: 22.03.2020