Interrogative No. 7

Qué procesos de urbanización ayudan a exacerbar el problema del racismo en nuestras ciudades? Y, ¿qué se puede hacer, o se está haciendo, para revertir dichos procesos?

How are processes of urbanization helping exacerbate the problem of racism in our cities? And, what can, or is being done, to revert such processes?

Dalia Milián Bernal en comunicación con la historiadora Florencia Quesada Avendaño.

Dalia Milián Bernal

He estado siguiendo las protestas que han surgido en Estados Unidos en contra de la violencia policíaca. En breve, se pide se desmantele un sistema corrupto y violento, pero sobre todo, racista. 

Aunque ahora es inevitable quitar la mirada de lo que sucede en Estados Unidos por lo resonantes que son, en parte por la forma en la que el gobierno ha respondido, o sea, con violencia, pero en parte también por lo que parecen estar logrando. Uno de esos logros, creo yo, ha sido insertar en nuestro imaginario el concepto de ‘abolición de la policía’ y lo que eso significa e implica (muy inspirador, por cierto, tema para otro post). Otro logro ha sido que todos nosotros quienes no nos considerábamos racistas, reflexionemos sobre nuestras propias prácticas racistas. 

Regresando al tema de las ciudades, sobre el cuál estamos invitadas a escribir, me ha llamado mucho la atención la petición de quitar las estatuas y los monumentos de la Confederación de vías y espacios públicos, y reubicarlas a museos en los cuáles puedan ser explicados y contextualizados. Obviamente, no puedo evitar recordar nuestras primeras historias sobre las protestas en contra de la violencia de género y la reacción del gobierno para proteger los monumentos históricos de la Ciudad de México. Pero también me hacen pensar, querer entender, saber más y querer discutir contigo la ciudad colonial latinoamericana, y te pregunto ¿de qué manera, si siquiera, se compara o diferencia de esas estatuas y esos monumentos de la Confederación?

Florencia Quesada Avendaño

Gracias por la propuesta Dalia, justamente he estado reflexionando mucho, por el debate de las estatuas y varias polémicas que he seguido en diferentes ciudades del mundo desde hace varios meses.

Al hacer una analogía con las estatuas de la Confederación, quizás lo importante es no perder de vista que son contextos históricos muy diferentes. Claro que la atención mediática que ejerce Estados Unidos sobre el resto del mundo siempre es abrumante y hasta monopólica y tiene un mayor impacto.

No obstante, en Chile, con las protestas sociales que comenzaron a finales de octubre de 2019, la demolición de muchos monumentos ha sido habitual en muchas ciudades chilenas, pero no ha tenido la misma atención mediática mundial. Por ejemplo, en Temuco, capital de la Araucanía, se han derribado diversas estatuas, dentro del contexto de las protestas sociales. Una de ellas, la del conquistador español del siglo XVI, Pedro de Valdivia. Al caer la estatua de Valdivia, los manifestantes comenzaron a pisotearla y a golpearla con palos de madera, como si aún estuviera vivo. Otra estatua que derribaron en Temuco fue la Dagoberto Godoy, quien fue un militar y aviador chileno, el primero en sobrevolar la Cordillera de los Andes en 1918. Los manifestantes colgaron su cabeza del brazo de otro monumento, en honor al líder mapuche Caupolicán, y pusieron la bandera Wenufoye (bandera mapuche) cubriendo el monumento. Caupolicán fue el toqui (jefe militar) mapuche que lideró la heroica resistencia indígena contra los españoles. Es interesante notar que aunque Godoy no tenía ninguna relación histórica con los españoles, fue “víctima” simbólica del descontento social por ser un militar. En la ciudad de Concepción, fundada por Valdivia en 1550, derribaron nuevamente el busto del conquistador en la Plaza de la Independencia, estatua que había sido donada por el gobierno español para la conmemoración de los 400 años de Concepción. Las protestas en Concepción se iniciaron por el asesinato de Camilo Catrillanca, un año atrás, ahora dentro del marco de las protestas sociales nacionales. Catrillanca era un joven líder estudiantil mapuche de la comunidad de Ercilla a quien le dispararon por la espalda en la cabeza y que se ha convertido en un símbolo de las protestas en Chile.  En la ciudad de Collipulli, el busto de bronce del general Cornelio Saavedra, quien lideró la sangrienta «pacificación» de las tierras mapuches en el siglo XIX, tuvo un destino similar. Estos actos simbólicos contra monumentos, es necesario entenderlos como expresiones de descontento del pueblo contra un Estado opresor, autoritario y violento. Y en el caso del pueblo indígena mapuche históricamente marginalizado y reprimido. Son formas simbólicas de respuesta y resistencia dentro de una aguda crisis social y económica en una sociedad profundamente desigual y elitista.

Más en relación con tu pregunta, lo que es necesario entender, es que el inicio de la construcción y la introducción de monumentos y estatuas en las ciudades en América Latina es más que todo un proceso que comenzó hacia finales del siglo XIX. Como parte de importantes transformaciones urbanas en la ciudades latinoamericanas con la creación de avenidas, bulevares y parques modernos a finales del siglo XIX, fueron estos nuevos espacios públicos que se colmaron de estatuas y monumentos en honor de esos líderes o “padres” de las naciones en construcción. 

Estos monumentos, dentro de un contexto actual de crisis política y económica y de fuerte represión militar como en el caso chileno, se convierten en blancos materiales del descontento social, como símbolos materiales de poder en el espacio público.  Es importante relativizar la idea de que los monumentos son sagrados e intocables. Los monumentos responden generalmente a procesos llevados a cabo por las esferas de poder para materializar en el espacio público una concepción ideológica del momento.  Y, como tales, pueden preservarse o también reubicarse, o desaparecer como ha quedado muy claro con las estatuas del rey Leopoldo II en Bélgica. Uno de los más sangrientos y brutales colonizadores de lo que hoy es la República Democrática del Congo. 

Estos movimientos de protesta contra monumentos y personajes específicos en diferentes partes del mundo, son también una excelente ocasión para conocer la historia de esos “personajes” y hacer una crítica de la labor que tuvieron. Y repensar esas figuras, como símbolos de colonialismo, racismo o represión, como en el caso de Bélgica. En California, más recientemente, se removió la estatua de Cristóbal Colón en la ciudad de San Francisco, dentro del contexto de las protestas del Black Lives Matter. Es interesante subrayar que la decisión de quitar el monumento a Colón en San Francisco fue decidido por el comité de artes de la ciudad, antes de que fuera derribado durante alguna protesta social.  Según las propias palabras del comité, se justificó la decisión de remover la estatua: “ya que no va en línea con los valores de San Francisco y su compromiso con la justicia racial” (San Francisco Chronicle, 19 junio 2020).  

En Costa Rica, otro ejemplo de este tipo de discusión y controversia en torno a un monumento público, ha sido la estatua del expresidente León Cortés. El monumento se encuentra ubicado al inicio de uno de los bulevares de entrada a la ciudad: el Paseo Colón.  Un abogado inició una petición en línea para remover la estatua del expresidente justificando su propuesta en el pasado fascista de Cortés. La petición generó una gran polémica pública. Se ha defendido a capa y espada que el monumento es un símbolo intocable en San José y un referente urbano por su tamaño, diseño e ubicación. El monumento, tiene unos leones al pie de la estatua, donde generaciones de niñas y niños se han subido al lomo de los leones para jugar o tomarse fotos. Me llamó la atención, dentro de la discusión, las muestras de afecto de mucha gente hacia el monumento de manera física, justo por este lazo afectivo infantil. Aunque la propuesta no prosperó,  lo interesante es que la polémica ha permitido discutir y hablar sobre ese pasado fascista de Cortés, poco conocido, sobre todo para las nuevas generaciones. Aquí en Finlandia, un grupo de activistas también ha planteando que se quite la estatua del «padre» y mariscal Mannerheim frente a Kiasma..

Ya para concluir, lo que ha sido interesante de este activismo contra monumentos, es que se han generado discusiones públicas en muchas ciudades alrededor del mundo en cuanto a los personajes de estos monumentos y su representatividad, a la luz de protestas y luchas sociales. Y como resultado muchos de esos “personajes” han caído por tierra. Como ha quedado claro, los monumentos no son sagrados, ni intocables. Pueden ser demolidos o reubicarse en museos donde se explique su historia. Discutir, reflexionar y repensar la historia es siempre un ejercicio indispensable y un derecho de las sociedades democráticas.

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