Interrogativa No. 1

¿De qué manera se manifiesta, se visualiza, se entiende, se materializa, se lee y se hace presente la mujer en la ciudad?

In which ways do women manifest, visualize, understand, materialize, read and present themselves in the city?

Autoras / Authors

Stefania Biondi, Florencia Quesada Avendaño, Ana Paulina Cabello, Dalia Milián Bernal , Diana Cuéllar Ledesma, Anna Koskinen, Omayra Rivera Crespo

Manifestarse es visibilizarse

Stefania Biondi

La cuestión del género se cruza inevitablemente con la de clase. La ciudad fragmentada y segregada ofrece espacios diversos para las mujeres, dependiendo de su clase social y capacidad de consumo, además de su sexo. Las oportunidades de ocupar y usar lugares públicos (físicamente) no son las mismas en un barrio popular que en una colonia residencial.

La sociedad capitalista y heterosexual ve y lee a la mujer como objeto de consumo y como consumidora. La ciudad está repleta de imágenes que ofrecen cuerpos femeninos para el placer masculino. El cuerpo femenino se vuelve atractivo en la medida en que consume productos de belleza y vestuario de moda, lugares de fitness y alimentos naturales (sic!).

Sin embargo, en la cotidianeidad urbana la mujer se hace presente como… ¿Cómo no caer en los estereotipos de los roles? ¿Cómo visualizar a la mujer más allá de su papel productivo y reproductivo? Y ¿existe en la ciudad la mujer?

Tal vez existamos plena y libremente solo cuando nos manifestamos. Los derechos de las mujeres – seguridad, aborto, vida, sexualidad, maternidad, salud, educación, trabajo, voto, participación, libertad… – no son descontados ni están garantizados. ¡Por eso las mujeres, las feministas, las activistas nos manifestamos! Esto es, nos mostramos en las esferas públicas, exponemos nuestros cuerpos en las calles y las plazas, para visibilizarnos y para gritar nuestra rabia o nuestro júbilo. Queremos que nos vean por lo que somos y nos escuchen por lo que queremos. Translate this post.

Tomar los espacios simbólicos de la ciudad

Florencia Quesada Avendaño

Las mujeres han tomado las calles en las principales urbes del mundo.  Ha sido como un efecto dominó de grandes y pequeñas manifestaciones, especialmente en las ciudades latinoamericanas donde los niveles de feminicidios, violaciones y acoso cotidiano son la norma. Las mujeres estamos hastiadas de un sistema patriarcal que normaliza la violencia contra la mujer y no hace cambios sustanciales en el sistema jurídico, institucional y cultural para evitar tales injusticias. ¿Y qué mejor forma de expresar ese hartazgo que tomando las calles de manera artística y creativa? Es este el recurso disponible para hacer conciencia y exigir justicia.

Una de las manifestaciones recientes donde se ha hecho presente la mujer en la ciudad se originó en Valparaíso, Chile de la mano del ingenio y valentía de un colectivo teatral de mujeres llamado Lastesis. Lea Cáceres, Paula Cometa, Sibila Sotomayor y Dafne Valdés utilizan tesis de téoricas feministas para llevarlas al teatro, lo que dio origen a un “Un Violador en tu camino”. A raíz de la extrema violencia de los carabineros chilenos durante las protestas sociales en Chile a finales de 2019, Lastesis decidieron estrenar la actuación en Valparaíso a finales de noviembre. El nuevo “himno feminista” se convirtió en un fenómeno viral traducido, adaptado a cada realidad y reinterpretado por miles de mujeres alrededor del mundo. En Santiago de Chile, Lastesis Senior reunió alrededor de 10.000 mujeres frente al Estadio Nacional de la capital. Un lugar simbólico que durante la dictadura de Augusto Pinochet fue el centro de detención, tortura y donde “desaparecieron” cientos de personas.

La canción ha sido exitosa porque nos ha permitido denunciar, empoderarnos hermanadas en los espacios simbólicos de las ciudades alrededor del mundo. En Estambul las mujeres que protagonizaron el “himno feminista” fueron encarceladas y están a la espera de un juicio. Sin duda, el camino por la justicia está lejos de alcanzarse en muchos países, pero la voz de lucha y protesta de las mujeres se oye en la ciudad más fuerte que nunca. Translate this post.

La injusticia tiene muchas caras

Ana Paulina Cabello

La experiencia de la ciudad es percibida de diferente manera por un hombre que por una mujer, y me doy cuenta cuando camino al lado de algún hombre; la velocidad, distancias, alturas, medios de transporte que usamos, lugares que frecuentamos, son diferentes para ambos.

He sido decepcionada por un sistema que no da prioridad o siquiera realmente entiende lo que ser mujer en la ciudad realmente significa; y cómo podrían cuando las ciudades son pensadas y diseñadas por cerebros y corazones masculinos.

La violencia en mi ciudad es amplia; no solo me refiero al miedo constante que podemos sentir cuando caminamos solas en una calle con iluminación inapropiada o nula, o al hecho de que las instalaciones urbanas están en proporción, forma, altura de hombre o al acceso desigual de baños, o al hecho de que el automóvil es el transporte priorizado en mi ciudad (cuando el % de conductores es en su mayoría masculino); si no, también me refiero a la falta de acceso a servicios básicos como agua, una casa apropiada, educación, áreas verdes, desigualdad de oportunidades para conseguir un buen trabajo, …., el sistema sigue dando ventaja a que el hombre trabaje y la mujer se quede en casa regalando el trabajo doméstico como “acto de amor” , y la ciudad es cómplice de esto con su oferta de transporte, comida, servicios, caminos, actividades en ella. Así que, es hora de reclamar y hacernos escuchar, salgamos a las calles y transformémolas en lo que merecemos. Translate this post.

Ciudad de la Mujer – Proyecto Cancelado

Dalia Milián Bernal

In the last couple of years, the rise of social movements have made the world aware of the inconceivable violence perpetrated on women. However, in my home-country, Mexico, femicides have been in the headlines on a daily basis for a very long time. I remember being very young when I first heard about Las Muertas de Juárez, a phenomenon that began in the early 1990s related to an unprecedented number of female homicides in the border city of Ciudad Juárez. The fact that this phenomenon was not being replicated elsewhere (at least not with this ferocity) invited one question: What is it about this city? 

It seems that there is a relationship between the historical urbanization of Ciudad Juárez and the high rate of gender-based violence—I come back to this later—and to this regards, the Mexican government has taken measures to provide women ‘safe spaces’ within cities. This can be seen in Mexico City, for example, where the government implemented women-only carriages in its metro system, a strategy that seems to work—I  preferably use them—but that unintentionally created a men-only zone as well. It might be that in the scale and temporality of public transportation this fact has little visible consequences, however, what could unintentionally happen if we change the scale and temporality of this strategy by creating, say, a women-only urban space? 

To discuss this question, I return to Juárez, where the surge of maquiladora factories that attracted primarily female work-force created a sort of women-only urban environment, which, some argue, exacerbated the problem of gender violence. It is beyond me, then, that some cities across Mexico began a dubious urban project called Ciudad de la Mujer, a centralized space where women would find “free and unique support to care for their multidimensional needs”. In 2016, Querétaro—my hometown—began the construction of its own city of women. Four years into its construction, the budget is gone, the developer went bankrupt, the project has been cancelled and only the foundations of the buildings were erected. It is clear that this project was a political stunt. It is time to join those fighting in the streets and reclaim all spaces in the city, not only those dedicated to women, and brake the urban gender divide.  Traducir este post.

As I write this, activist Isabel Cabanillas was murdered in Cd. Juárez. She was member of Hijas de su Maquilera Madre.

Postesis

Diana Cuéllar Ledesma

Evoco mi personal proceso de “convertirme” en mujer y muchos recuerdos tienen que ver con una particular manera de vivir la ciudad. Hablo, por supuesto, de empezar a salir sola y enfrentar diversos tipos de violencia sexual y machista. Como puberta, pocas fueron las veces en las que sentí que mi integridad estuviera en riesgo. Pese a sus peligros, la calle era un espacio maravilloso lejos de la tutela adulta, territorio de hallazgos y aventuras. Si tuviera que encontrar un término para referir al proceso que en inglés se denomina como “coming of age” en relación con la ciudad, ese sería el de gestión. Como sujeto urbano hacerse mujer implica saber gestionar un cuerpo que cambia y aprender a conducirse con él por la ciudad. Pronto supe qué ropa usar, cómo moverme y por dónde caminar. Con el tiempo me resistí a negarme al cuerpo y su disfrute: el sentido común dictaba el cómo, cuándo y dónde de escotes y  minifaldas. Había consciencia del peligro, pero el principio de deseo no estaba secuestrado. 

La crisis actual clausura para la juventud el derecho a enfrentarse con la ciudad y configurarse subjetivamente en relación a ella. Un derecho más que se transmuta y cede ante la necropolítica del terror. El gradiente de las amenazas se ha desbordado y la sensación de que el peligro podía ser relativamente gestionable solo es cosa del pasado. Veo a muchas madres llevando a sus hijos a todas partes en el auto (la mamá chofer, otra experiencia femenina de la urbe), y a adolescentes crecientemente escleróticos ante la calle y sus vicisitudes. Ni qué decir de las numerosas familias para las que la sobreprotección es un lujo imposible, el menor de los males. Si el peligro está fuera de control, también lo están las reacciones que genera. La psicosis achata los matices y el debate es un espectro que languidece frente al encono y la rabia. La ciudad es el espacio en el que se vive la violencia y a la vez el locus en el que se protesta contra atropellos que ocurren en la casa, la escuela, la oficina y, muy importante, las zonas rurales. Los territorios suburbanos y juntas auxiliares son quizá el punto ciego en este debate fuertemente tamizado por el pernicioso centralismo de este país. Así, el Ángel de la independencia no se agota en su función delandmark o punto de encuentro futbolero, ahora es también el epicentro de nuevos antagonismos. La postverdad aporta historias fugaces para entretenernos: que si las feministas se están poniendo violentas, que si la violencia fue causada por un grupo de infiltradas para desvirtuar la protesta social… ¿se deberían restaurar los monumentos vandalizados? En el fondo, el clamor es por instituir relatos que aporten nuevos sentidos a la cadena significante y su perturbadora incompletud. Tal vez este sea uno más, sumándose a una marejada de gritos que se ahogan. Translate this post.

Reflections on being a woman in Helsinki

Anna Koskinen

I started to reflect the topic of this blogpost by asking what it means to be a woman in Helsinki, the capital of Finland, and how it translates into everyday environment and how women use the city. At first, I thought “oh, what an easy task”. But it turned out to be a really difficult one. 

Finland is considered to be one of the most gender equal countries in the world. At first glance, as I walk down the streets of Helsinki, it seems to be quite true. I seldomly feel scared for my safety as a woman in public space. Sometimes I even walk home alone in the middle of the night, which wouldn’t even be possible in many parts of the world. Sounds so privileged, right? However, this doesn’t mean that Helsinki wouldn’t be dangerous for women, on the contrary. In Finland, violence towards women happens most likely behind closed doors: at home. According to a research made in the EU, Finland is the second most dangerous place to live in the EU after Denmark, if you are a woman. To some, public space is where one can feel the safest. Hence, there is a glaring contrast between public and private life, highlighting that Finland is far from being equal on the safety level. It also reflects a culturally deep-rooted notion of a woman’s place that is still alive, even if we even have a female prime minister.

The #metoo movement broke the culture of Silence, characteristic to Finland in many ways, and brought to the daylight the systemic sexism that women of all age and income levels are exposed to, especially at work, in hobbies and on the internet. In Finland, men rarely bother or whistle after you on the street, but humiliation, downgrading and sexualization are a daily challenge for most women. Our new government, led by five women, was immediately named as a lipstick government. Women may be regarded as equal beings with men in public spaces, but otherwise women must constantly prove their value, especially in areas traditionally considered more masculine, like leadership and politics. Instead of being grateful to be safe on the street, we should be able to own the street and feel privileged to be a woman.

Visibilizando la aportación de las mujeres en la ciudad

Omayra Rivera Crespo

Esta reflexión es parte de un ensayo que se esta desarrollando para un panel que se llevara a cabo durante el verano del 2020 como parte de la exposición Anarquía y dialéctica en el deseo: géneros y marginalidad en Puerto Rico del Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico.

Una perspectiva amplia se aleja de la visión androcéntrica de la ciudad. El espacio al que se intenta confinar a las féminas es el doméstico, moldeado por los hombres, que también moldean y dominan el espacio público / exterior. Sin embargo, existe un espacio intermedio y poco explorado, de lo doméstico a lo público y visceversa, desde la visión de la mujer. Este espacio, que se hace andando y habitando, es ocupado y transformado por el cuerpo y desde el cuerpo. Por esto, más que una utopía es una heterotopía o una realidad negada e invisibilizada. Las propuestas o potenciales propuestas de las mujeres para el espacio habitado por todos, sin distinción del adentro y el afuera, pueden ser en si un acto de resistencia. Estas propuestas son inclusivas e interseccionales, atienden la cultura, la memoria, la identidad y el género. Atienden lo comunitario, lo colectivo, lo colaborativo y lo social.

De esta manera se manifiesta la mujer en la ciudad: perseverando al ocupar y manifestarse en el espacio público, reconociendo la escala humana y la estrecha relación entre el espacio interior, el habitar, y el entorno natural o construido. El reconocimiento e intercambio de conocimientos y realidades son herramientas esenciales de las propuestas de las féminas que buscan no solo encontrar su lugar en la urbe si no un lugar común o un espacio de encuentro.

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Próximas interrogativas | Next interrogatives

¿Cuáles son algunas nomenclaturas específicas de un lugar y un lenguaje que deberían formar parte de cualquier glosario urbano?

Formato: Varias voces

Recepción de entradas: 16.02.2020

Publicación: 23.02.2020

Which are some place and language-specific nomenclatures that should be added to any urban glossary?

Format: Various voices

Submission deadline: 16.02.2020

Published: 23.02.2020

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